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¿Qué es la Semana Santa?

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae. Debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.

A la Semana Santa se le llamaba también Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.
Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
¿Cuáles son los principales momentos celebrativos de la Semana Santa?

El domingo de Ramos, los días santos, lunes, martes, miércoles, y jueves por la mañana –aquí termina la cuaresma-, Triduo Pascual que comienza con la celebración del Jueves santo, con la misa vespertina de la Cena del Señor, Viernes Santo de la Pasión del Señor, y culmina con el Sábado Santo con la Vigilia Pascual, que se llama Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

¿Qué celebramos el Domingo de Ramos?
Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, para consumar su misterio pascual, en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

¿Qué es la Misa Crismal?

Se celebra el Jueves Santo por la mañana. En esta misa se celebra la comunión de los sacerdotes con el obispo, renovando sus promesas sacerdotales, se consagra el santo crisma y se bendicen los santos óleos de los enfermos y de los catecúmenos.

¿Qué es el Triduo Pascual?

Son tres días donde se celebra la pasión y resurrección, y que abarca la totalidad del misterio pascual. Así se expresa en el calendario: Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo es, por tanto, la culminación de todo el año litúrgico.


¿Cuál es la duración exacta del Triduo Pascual?

El triduo comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor, alcanza su cima en la Vigilia Pascual y se cierra con las vísperas del Domingo de Pascua.

¿Qué celebramos el Jueves Santo?

En Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

¿Qué se celebra el Viernes Santo?

Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

¿Qué celebramos el Sábado Santo?

Durante el sábado santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y muerte, y se abstiene de celebrar la santa misa (por lo que conserva el altar enteramente desnudo) hasta que, después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección, se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días subsiguientes.
Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “la tarde y noche anteriores a una fiesta”.

¿Qué es el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor?

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida. La Misa de la Vigilia, aunque se celebra antes de la media noche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección.

¿En qué consiste la Vigilia Santa o Noche Santa?

Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del Señor. La celebración de la vigilia tiene cuatro partes:

PRIMERA PARTE: Liturgia de la luz o lucernario.

Los fieles llevando en la mano lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa. Tiene tres momentos.

1º. Bendición del fuego. Inicia con la bendición del fuego nuevo, con este se enciende el CIRIO PASCUAL.

2º. Procesión. En esta procesión se lleva el Cirio Pascual: Cristo, luz del mundo.

3º. Pregón Pascual o “exultet”: Este himno de alabanza, en primer lugar, anuncia a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema. Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria del cielo.

LA SEGUNDA PARTE: La Liturgia de la Palabra.

La Santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos  que él obró desde el principio a favor de su pueblo.

En esta vigilia, “madre de todas la vigilias”, tal como lo afirma San Agustín, se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento

TERCERA PARTE: Liturgia bautismal

La noche de Pascua es el momento en el que tiene más sentido celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana. Después de un camino catecumenal (personal, si se trata de adultos y de la familia, para los niños, y siempre en lo que cabe, de la comunidad cristiana entera), el signo del agua -la inmersión, el baño- quiere ser la expresión sacramental de cómo una persona se incorpora a Cristo en su paso de la muerte a la vida.

CUARTA PARTE: Liturgia eucarística.

Después de escuchar la palabra de Dios, y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hijos, renacidos por el bautismo, es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección.

La celebración eucarística es la culminación de la Noche Pascual. Es la Eucaristía central de todo el año, más importante que la de Navidad o la del Jueves Santo. Cristo, el Señor Resucitado, nos hace participar de su Cuerpo y de su Sangre, como memorial de su Pascua. Es el punto culminante de la celebración.

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El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.

En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud.

Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

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1. LECTURA DEL TEXTO:  San Lucas 23, 1-49.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (forma breve)

En aquel tiempo, el consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato. Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que Él es el Mesías rey”.

Pilato preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Él le contestó: “Tú lo has dicho”. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”. Ellos insistían con más fuerza, diciendo: “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí”. Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.

Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero Él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar.

Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: “Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”.

Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: “¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!”. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la Ciudad y un homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”. El les dijo por tercera vez: “¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en Él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”. Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y  mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por El. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: ‘¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!’. Entonces dirán a los montes: ‘Desplómense sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Sepúltennos’, porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?”.

Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado “la calavera”, lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.

El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a El, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la  cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Éste es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”. Y dicho esto, expiró.

El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: “Verdaderamente este hombre era justo”. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello. Palabra del Señor. T. Gloria a ti, Señor Jesús.

Repasar el texto leído.

(Se pregunta a los participantes y responden leyendo los versículos en su Biblia)

¡Con esta celebración del Domingo de Ramos entramos en la Semana Santa! La semana más importante para la vida de un cristiano. La semana que celebra el acontecimiento central de la fe, es decir la muerte y resurrección del Señor que viene a salvarnos y regalarnos la vida eterna.

Hoy compartimos el largo relato de la Pasión del Señor en el Evangelio de Lucas. Son muchos los puntos para reflexionar y meditar. La forma más fácil, tal vez, para meternos en el texto sea la de ver los distintos personajes que van circulando:

  • Jesús.
  • líderes del pueblo,
  • principales sacerdotes, maestros de la Ley,
  • Pilato,
  • Herodes,
  • los soldados,
  • todo el pueblo,
  • Simón de Cirene,
  • mujeres de Jerusalén,
  • malhechores,
  • el capitán romano,
  • los amigos íntimos de Jesús.

2. MEDITACIÓN DEL TEXTO LEÍDO

(Cada participante puede compartir su reflexión personal)

  • ¿Qué hacen o no hacen todos y cada uno de los personajes que aparecen en el relato?
  • ¿Qué dicen o no dicen todos y cada uno de los personajes que circulan por el texto de la Pasión?.

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

    (Cada participante puede proponer compromisos personales y comunitarios)

    • Retomar el papel con lo que se ha escrito con respecto a todos y cada uno de los personajes.
    • ¿Qué hay y qué no hay de lo bueno o lo malo de cada uno de los personajes en mi vida?
    • ¿Con qué personaje me identifico más? ¿Por qué?

    4. ORACIÓN

      Para orar vamos a tomar la frase que Jesús le dice al llamado “buen ladrón”: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

      A pesar de nuestro pecado el Señor hoy también nos regala su perdón y nos invita a la vida eterna en el paraíso en la medida que reconozcamos con sinceridad, como hace el “buen ladrón”, que ha sido un pecador. ¡Qué nosotros también nos beneficiemos del amor y el perdón de Jesús!.

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      Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega

      a semana santa o semana mayor, es para los católicos la semana más importante, pues se recuerda el misterio de la fe, todo lo que fundamenta y da vida a nuestra vida cristiana. Es lamentable que para muchos católicos, esta semana se convierta solo en vacaciones y se olviden del significado profundo y de participar en los oficios litúrgicos de la más grande de las semanas del año.

      Después de habernos preparado durante el tiempo cuaresmal (40 días), desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo por la mañana, celebramos la Fiesta Pascual, fiesta de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

      Seis semanas de preparación intensiva, tienen su culmen en esta semana santa. Es santa, porque son días en que tenemos la oportunidad de buscar la santidad a través de los principales acontecimientos de nuestra fe, san Pablo nos recuerda “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”. A la santidad estamos llamados todos, no hay que tener miedo aceptar este llamado, por el contrario la santidad es la oportunidad de ser mejores, de irnos perfeccionando, hoy más que nunca se necesitan hombres y mujeres íntegros, que saquen a relucir su humanidad con todos sus valores. La santidad se alcanza viviendo una vida ordinaria de manera extraordinaria; es por eso que esta semana es extraordinaria, es santa.

      Con la celebración del Domingo de Ramos recordamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén; el Jueves Santo (día que con la misa vespertina se comienza el Triduo Pascual), la Cena del Señor, en donde instituyó el mandamiento del amor, el sacerdocio y la Eucaristía; el Viernes Santo, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo; el Sábado Santo, con la celebración de la Vigilia Pascual por la noche, celebramos la Resurrección y así, comenzar con el Tiempo Pascual, que son 50 días, hasta Pentecostés.

      Es una semana, en donde las familia tienen la oportunidad de convivir y de unirse por la fe; en donde los cristianos tenemos la oportunidad de profundizar en cada unos de los misterios que profesamos, y de poder revitalizar nuestra identidad y nuestro quehacer como buenos cristianos; por eso, no podemos reducir estos días santos a simples “vacaciones de semana santa”, como muchos han osado decir.

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      Semana de la Familia

      El día 7 de marzo celebramos el día de la Familia, con la celebración de la Santa Misa y el templo Parroquial, y con una manifestación festiva por las calles del pueblo de Jurica, con la participación de numerosas familias, que juntos rogamos a Dios por las familias.

      Y del día 8 al 12 de marzo, se llevó a cabo la Semana de la Familia en tres sedes: El Nabo, Capilla del Señor de la Piedad y Cabecera Parroquial, con la participación de aproximadamente 100 personas.

      Se trataron los siguientes temas: La familia y el derecho a la vida, La familia ante el laicismo, La familia ante el hedonismo y la Familia ante un entorno adictivo, impartidos por matrimonios de la Comisión Diocesana para la Familia, Juventud y Laicos, presidida por el P. Jaime Gutiérrez J.: Carlos y Martha Llaca, Gilberto y Socorro Pérez, Salvador y Cristina Escalante, Rogelio y Yolanda Acosta.

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