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Vocación cristiana

La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte.

Juan Pablo II

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Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega

1. LECTURA DEL TEXTO:

Lectura del Santo Evangelio según san Juan 10, 27-30.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos. Y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.  Palabra del Señor.

Repasar el texto leído.

(Se pregunta a los participantes y responden leyendo los versículos en su Biblia)

  • ¿A quién se dirige Jesús?
  • ¿Quiénes escuchan la voz de Jesús y quiénes lo siguen?
  • ¿Qué ofrece el Buen Pastor a sus ovejas?
  • ¿Cómo es la “relación” del Señor con su Padre?

Explicación del Texto

Cómo todos los años el Cuarto Domingo de Pascua se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, llamado más habitualmente como el Domingo del Buen Pastor.Y es así, dado que todos los años, la Liturgia de la Iglesia nos ofrece una parte del capítulo 10 del Evangelio según San Juan que nos habla de Jesús como el “Buen pastor”.

En el versículo 27 encontramos el verbo conocer, en el original griego significa no sólo la actividad intelectual de captar algo con la inteligencia, sino que se agrega el matiz vivencial de “hacer experiencia de”, es decir conocer con la mente, el corazón y con toda la sensibilidad que Dios nos ha dado. Conocer implica lograr un “encuentro profundo y total”con “lo conocido”. Es el conocimiento que lleva a la unión de “el yo con un tú”.

En segundo lugar es útil remarcar cómo el auténtico discípulo pasa del conocer y reconocer la voz del pastor a la obediencia. Las ovejas del Buen Pastor obedecen su voz.

En tercer lugar es importante captar porqué Jesús es el Buen Pastor: porque puede dar vida eterna. Es decir no solo cuida a sus ovejas como un pastor humano que las defiende de los males físicos o temporales; Jesús como Buen Pastor da la vida plena, la vida en abundancia, la Vida con mayúsculas que es la vida eterna.

Por último, es interesante rescatar la constante referencia que Jesús hace al Padre. Del Padre viene el poder que Jesús tiene sobre sus seguidores, al Padre le pertenecen. Pero en definitiva en cuanto Dios el Padre y Jesús “son uno solo” (versículo 29). Aquí se está enunciando el Misterio de la Santísima Trinidad.

2. MEDITACIÓN DEL TEXTO LEÍDO

(Cada participante puede compartir su reflexión personal)

  • ¿Soy discípulo del Señor?
  • ¿Realmente lo conozco?
  • ¿Me dejo conocer por el Señor? ¿Qué le presento, qué le ofrezco al Señor de mi interioridad?
  • ¿Qué me dice hoy a mí de manera particular la voz de Jesús el Buen Pastor?
  • ¿Obedezco a esa santa voz? ¿Hago caso? ¿Cumplo lo que me pide?
  • ¿Experimento que ya en esta vida Jesús me va dando la “vida eterna”? ¿En qué situaciones se puede dar esto?
  • ¿Valoro que Jesús me cuide como a sus ovejas más preciadas?
  • ¿Busco unirme al Padre Eterno?
  • ¿Qué “papel” juega en mi vida espiritual el Padre Eterno? ¿Me relaciono con Él? ¿De qué forma?

Para contemplar nuestra vida a la luz del Evangelio de este Domingo tomaremos el verbo conocer como eje. Iremos repitiendo los aspectos que aquí les presentamos y los que cada uno de ustedes quiera agregar. Los repetimos de manera serena y reposada:

  • Señor tú conoces mi corazón…
  • Señor tú conoces mis miedos…
  • Señor tú conoces mis desafíos…
  • Señor tú conoces mi familia
  • Señor tú conoces mis alegrías…
  • Señor tú conoces mis faltas…
  • Señor tú conoces mis esperanzas…
  • Señor tú conoces mis frustraciones…
  • Señor tú conoces mis proyectos…
  • Señor tú conoces mis sufrimientos…
  • Señor tú conoces mis amigos…
  • Señor tú conoces mis ansiedades…
  • Señor tú conoces mis ilusiones…
  • Señor tú conoces mis desatinos…
  • Señor tú conoces mis pensamientos…
  • Señor tú conoces mis tropiezos…
  • Señor tú conoces mis búsquedas…
  • Señor tú conoces toda mi vida.

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

(Cada participante puede proponer compromisos personales y comunitarios)

Propuesta personal

  • Redescubrirme en mi espiritualidad persona como “oveja” de Jesús el Buen Pastor al que debo conocer y obedecer.

Propuesta comunitaria

  • En diálogo con tu familia o comunidad intentar describir cuáles son las “voces” que se oyen en sus ambientes. Por ejemplo: la voz de los políticos, la de los medios de comunicación social, la voz del “consumismo”, la voz del miedo y el temor, etc.
  • ¿Qué lugar ocupa la voz de Cristo, el Buen Pastor, en los distintos ambientes en dónde se desarrolla tu vida?

4. ORACIÓN

Oh Jesús, Pastor eterno de las almas, dígnate a mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada, Señor necesitamos sacerdotes, misioneros y religioso, bendice nuestras familias, multiplica las vocaciones y santifica cada vez mas a nuestros sacerdotes, misioneros y religiosos, oh Jesús, danos sacerdotes, misioneros y religiosos según tu corazón. Amén.

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Muchos piensan que el sacerdote es un “profesionista de las cosas de Dios”, que todo el tiempo que estudian, pareciera ser que es una “carrera” muy larga; en realidad el sacerdocio es una VOCACIÓN, es decir, un llamado de Dios.

Los sacerdotes son tomados de entre nuestras familias, comunidades, y reciben un don muy especial; no trabajan de sacerdotes, así como los esposos: un esposo (a) no trabaja como esposo (a), sino que son esposos.

Por esta razón, al ser una vocación, supone discernimiento, espiritualidad, acompañamiento y una preparación y formación permanente en todos los aspectos, por eso, la vida en el Seminario es intensa. Ciertamente son muchos años de estudio; hay quienes reciben el llamado o la inquietud a temprana edad (secundaria), ellos reciben un acompañamiento que se llama Seminaristas en Familia, no están internos, sino que acuden periódicamente al seminario a recibir orientación vocacional; hay quienes comienzan desde la preparatoria, ellos viven la experiencia del Seminario Menor; otros que después de estas etapas o sin haberla vivido deciden ingresar al seminario ya con mayor claridad cursan la etapa del Curso Introductorio que es un año de intensa vida espiritual y de discernimiento vocacional. De esta etapa se sigue la Filosofía durante tres años y después la Teología, durante 4 años; por tanto lo mínimo a estudiar y prepararse son 8 años en el Seminario.

El llamado de Dios al sacerdocio se da según su corazón y por caminos que solo el diseña. Recordemos que la familia es el  primer semillero (seminario) de vocaciones, es el lugar en donde los jóvenes pueden escuchar la llamada de Dios.

El camino es ciertamente largo, pero es esencial precisamente por la situación que en la actualidad vivimos, en donde las exigencias son mayores, los fieles quieren sacerdotes santos, sabios y sanos. La comunidad cristiana tiene una gran responsabilidad en orar por las vocaciones y en cuidar a sus sacerdotes.

Los papás no tengan miedo de consagrar a un hijo o hija al sacerdocio o a la vida consagrada.

Quiero invitarlos a que intensifiquemos nuestra oración por los sacerdotes, que los conozcamos, que nos acerquemos a ellos, no viéndolos como meros funcionarios o “profesionistas”, sino como hombres consagrados a Dios, que por supuesto están al servicio de la comunidad de fieles.

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¿Qué es la Semana Santa?

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae. Debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.

A la Semana Santa se le llamaba también Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.
Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
¿Cuáles son los principales momentos celebrativos de la Semana Santa?

El domingo de Ramos, los días santos, lunes, martes, miércoles, y jueves por la mañana –aquí termina la cuaresma-, Triduo Pascual que comienza con la celebración del Jueves santo, con la misa vespertina de la Cena del Señor, Viernes Santo de la Pasión del Señor, y culmina con el Sábado Santo con la Vigilia Pascual, que se llama Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

¿Qué celebramos el Domingo de Ramos?
Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, para consumar su misterio pascual, en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

¿Qué es la Misa Crismal?

Se celebra el Jueves Santo por la mañana. En esta misa se celebra la comunión de los sacerdotes con el obispo, renovando sus promesas sacerdotales, se consagra el santo crisma y se bendicen los santos óleos de los enfermos y de los catecúmenos.

¿Qué es el Triduo Pascual?

Son tres días donde se celebra la pasión y resurrección, y que abarca la totalidad del misterio pascual. Así se expresa en el calendario: Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo es, por tanto, la culminación de todo el año litúrgico.


¿Cuál es la duración exacta del Triduo Pascual?

El triduo comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor, alcanza su cima en la Vigilia Pascual y se cierra con las vísperas del Domingo de Pascua.

¿Qué celebramos el Jueves Santo?

En Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

¿Qué se celebra el Viernes Santo?

Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

¿Qué celebramos el Sábado Santo?

Durante el sábado santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y muerte, y se abstiene de celebrar la santa misa (por lo que conserva el altar enteramente desnudo) hasta que, después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección, se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días subsiguientes.
Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “la tarde y noche anteriores a una fiesta”.

¿Qué es el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor?

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida. La Misa de la Vigilia, aunque se celebra antes de la media noche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección.

¿En qué consiste la Vigilia Santa o Noche Santa?

Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del Señor. La celebración de la vigilia tiene cuatro partes:

PRIMERA PARTE: Liturgia de la luz o lucernario.

Los fieles llevando en la mano lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa. Tiene tres momentos.

1º. Bendición del fuego. Inicia con la bendición del fuego nuevo, con este se enciende el CIRIO PASCUAL.

2º. Procesión. En esta procesión se lleva el Cirio Pascual: Cristo, luz del mundo.

3º. Pregón Pascual o “exultet”: Este himno de alabanza, en primer lugar, anuncia a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema. Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria del cielo.

LA SEGUNDA PARTE: La Liturgia de la Palabra.

La Santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos  que él obró desde el principio a favor de su pueblo.

En esta vigilia, “madre de todas la vigilias”, tal como lo afirma San Agustín, se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento

TERCERA PARTE: Liturgia bautismal

La noche de Pascua es el momento en el que tiene más sentido celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana. Después de un camino catecumenal (personal, si se trata de adultos y de la familia, para los niños, y siempre en lo que cabe, de la comunidad cristiana entera), el signo del agua -la inmersión, el baño- quiere ser la expresión sacramental de cómo una persona se incorpora a Cristo en su paso de la muerte a la vida.

CUARTA PARTE: Liturgia eucarística.

Después de escuchar la palabra de Dios, y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hijos, renacidos por el bautismo, es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección.

La celebración eucarística es la culminación de la Noche Pascual. Es la Eucaristía central de todo el año, más importante que la de Navidad o la del Jueves Santo. Cristo, el Señor Resucitado, nos hace participar de su Cuerpo y de su Sangre, como memorial de su Pascua. Es el punto culminante de la celebración.

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